miércoles, 25 de marzo de 2015

Rompecabezas

ROMPECABEZAS

Hay dos maneras de comenzar a resolver un rompecabezas. Por una punta, y de preferencia alguna de las de abajo. Es la postura más conservadora, por donde arrancan todos. Cien, doscientos, un millar de fragmentos que se irán encastrando con la más absoluta lógica del Tetris. ¿Dije que era la postura más conservadora? Me corrijo: es la postura más cobarde. Es la que no vale, la que te engaña, la que te hace creer que estás armando algo cuando en realidad solo estás apilando piecitas. Eso es de marica.
Yo prefiero el otro método.
Desparramar los pedazos, las esquirlas de esa imagen desmembrada y buscar. Buscar y buscar. En algún  momento, más tarde o más temprano, alguna pieza se destaca sola, brilla con luz propia.
Es como si te gritara para llamarte la atención.
En algún momento, ese poquito de algo, esa cosa mínima, cobra sentido —un ojo, por ejemplo—. Me llama, y entonces sé que ya puedo montar todo alrededor de ese poquito hasta completarlo.
Mi método es infinitamente más noble, espiritual, trascendental.
Yo no armo nada.
Yo descubro.

[Recorte del alegato final del acusado Héctor Segovia ante el Tribunal en el juicio por el asesinato y descuartizamiento de doce personas entre Marzo de 2007 y Octubre de 2011]


 Marcelo Ciccone

miércoles, 18 de febrero de 2015

Mark Haddon: El Curioso Incidente del Perro a Medianoche


Hace un tiempo leí este libro y me ha impresionado bien. Es una novela con personalidad, que no es poco en estos días. El protagonista es un chico medio autista (no es autista, es otra cosa que va en esa línea) con lo cual ya arranca bien. No solo eso, el autor eligió contarlo desde el chico, en primera persona, con lo que tuvo que adoptar su voz. Y esta elección es un golazo, y un gol en contra a la vez. Ya les explicaré.
La novela se presenta como la investigación detectivesca de este chico de 15 años para descubrir al asesino del perro de una vecina. Como una buena novela, nos distrae con eso mientras nos va contando otra cosa, en este caso, la vida del chico, la separación de sus padres, las razones de esa separación, traiciones entre ellos, desbordes variados y muy humanos, etc., que son muy interesantes al principio aunque no terminan de explotar.
Pero lo interesante de El Curioso Incidente... es la voz elegida para contar todo. Un adolescente medio autista nos relata la novela, con lo que presenciaremos un montón de disgreciones, aclaraciones, notas, paréntesis, bifurcaciones y todo tipo de distracciones muy pero muy deliciosas, escritas con candor y muy puntillosamente. Porque Christopher es muy puntilloso. Y muy lógico. No entiende de chistes, ni de dobles intenciones, ni de nada que no sea prácticamente literal. Así puede llegar a hacer una pregunta varias veces si la respuesta no es totalmente asertiva.
Durante todo el relato, la odisea está salpicada de aclaraciones e información técnica y clara sobre un montón de asuntos, cotidianos y hasta científicos. Así nos vamos enterando de por qué vemos la vía láctea como una riestra de estrellas, y cómo la veríamos si estuviéramos ubicados en otro punto de la galaxia.
Recomendable.

Pueden bajar el PDF en:

http://www.juansanmartin.net/biblioteca/libros/elcuriosoincidentedelperroamedianoche.pdf

jueves, 12 de febrero de 2015

Nazis at the Center of the Earth (2012)


Oh, yeah! Vi la carátula + el título y dije: “Esto hay que verlo”. Pensé que la peli iba a ser una mierda absoluta (los comentarios no la ayudaban) y debo decir que de absoluta, nada.
A ver… la peli es mala. Pero las he visto peores y con presupuestos y pretensiones más serias.
En la Antártida un grupo de científicos buscan a unos colegas perdidos y encuentra un misterioso agujero en medio de la nieve. Y a qué no saben dónde los lleva ese agujero: claro, al centro de la Tierra (no los iba a llevar al Festival de Casquín). Cuestión que en el centro de la Tierra se encuentran con un pequeño emplazamiento nazi, con hospital, centro científico, transportes, etc.
Si la peli hubiese sido más mala, o más naif, hubiese sido hermosa. Tiene momentos muy “buenos”, con un plato volador nazi, un tipo al que le sacan la piel para ponérsela a un soldado y estupideces así. Por supuesto aparece Hitler, montado sobre un robot, con la cabeza adentro de un frasco igual a Futurama… una cosa preciosa!!
Así y todo no alcanza a convertirse en film de culto, le falta candidez y la desprolijidad que dan los presupuestos bien bajos. Esta peli tiene cierta seriedad.
En fin, si te gusta el cine bizarro y no tenés nada mejor que ver, echale un ojo.
4/10

lunes, 12 de enero de 2015

Mix One 02

Segunda mezcla dance. Para bailar sin parar 15 minutos (después te morís)
Si te gusta el mix, abajo tenés el link para bajar en MP3 de alta calidad.


►BAJÁ EL MP3 DE ESTA MEZCLA ACÁ◄

En cuanto tenga tiempo subo los tracks por separado, para alegría popular!

viernes, 9 de enero de 2015

Mix One 01

Creo que nunca posteé acá este mix que hice hace ya un año.
Con el video lo pueden escuchar.
ABAJO EL LINK MP3 PARA BAJARLO.



►PODÉS BAJAR ESTA MEZCLA EN MP3 ACÁ◄

lunes, 27 de octubre de 2014

7 Cajas (2012)


Un excelente policial paraguayo que lo tiene todo: suspenso, tensión, romance, acción, misterio, crímenes, buenas actuaciones y mucho humor (ojo, no es una comedia).
La película está en guaraní y ese español cerrado que hablan los paraguayos, pero viene subtitulada así que no hay problemas.
Se ve en cine, las copias que andan dando vueltas por internet son “cam” (filmadas con una cámara en un cine, donde ves la cabeza del de adelante y escuchás las risas de la gente de al lado. Una mierda).
Además, hay que ir a verla al cine para apoyar este tipo de producciones, carajo.
La historia: en un mercado tipo La Salada, en Asunción, un pibe changarín ve la oportunidad de cumplir parte de sus sueños (comprarse un celular último modelo, por ejemplo) cuando le encargan que transporte por el mercado 7 cajas cerradas que no debe abrir bajo ningún concepto. No debe llevarlas a ningún lado, solo entretenerlas hasta que pase una inspección policial. Una serie de malos entendidos hacen que todo se vaya haciendo más complejo, y donde terminarán participando otros changarines, la policía, unos secuestradores y un changarín sicópata.
Los personajes son súper entrañables. Lográs una empatía con todos ellos inmediatamente, incluso con los malos. La peli es muy cálida, a pesar de tener momentos violentos. Te pasea por el mercado, por la gente, los modismos, la cultura, la impronta de Asunción, que es muy parecida a la nuestra (Argentina es más que Capital Federal).
El ritmo logrado es muy bueno, no decae nunca, no aburre, y se toma el momento para que conozcamos mejor a los personajes, para la amistad, para el romance, etc.).
Si no es la mejor película que vi en el año, pega en el palo.
9/10


CURIOSIDAD: Acabo de ver el afiche en inglés para los yanquis. La frase-slogan que le pusieron es “Las reglas son simples: Entrega o muere”, lo cual tergiversa la idea del film y especialmente su espíritu. La película CLARAMENTE pasa por otro lado. Malditos gringos…

martes, 7 de octubre de 2014

John Carpenter's The Thing (1982)


JOHN CARPENTER'S THE THING (1982)
También conocida como The Thing, La Cosa o El Enigma de Otro Mundo.
EXCELENTE peli de terror / ciencia ficción / suspenso, una joya por donde se la mire. Filmada durante los mejores años creativos de J. Carpenter, cuando sacaba peliculones año tras año.
Esta es una remake de un clásico de los 50, donde un grupo de científicos varados en la Antártida encuentran una cosa extraterrestre que los va masacrando uno a uno y que es capaz de duplicarlos, por lo que el monstruo está entre ellos, como uno más.
Altas cargas de suspenso, una música que acompaña muy bien, hecha con una sola nota, excelentes FX para la época, gran ritmo narrativo, toquecitos de humor y un guión sólido, contado con mucho oficio.
Este film lo tiene todo, es casi perfecto.
9,80/10

lunes, 26 de agosto de 2013

Consiguen implantar falsos recuerdos en el cerebro

Nota aparecida en la revista MUY INTERESANTE

Neurocientíficos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, han demostrado que es posible implantar falsos recuerdos en el cerebro de ratones, y que muchos de los rastros neurológicos de estos recuerdos son idénticos en su naturaleza a la de la memoria auténtica.

"Tanto si se trata de un recuerdo falso o de uno verdadero, el mecanismo neuronal del cerebro que subyace a la recuperación de la memoria es el mismo", explica Susumu Tonegawa, profesor de Biología y Neurociencia del Instituto Picower del MIT y autor del estudio que publica Science. El estudio proporciona nuevas evidencias de que los recuerdos se almacenan en redes de neuronas que forman huellas en la memoria (los llamados engramas) a partir de cada experiencia que vivimos, un fenómeno que el laboratorio de Tonegawa demostró por primera vez el año pasado.

Los recuerdos episódicos son fruto de asociaciones de varios elementos, los objetos, el espacio y el tiempo. Estas asociaciones son codificadas por cambios químicos y físicos en las neuronas, así como por modificaciones en las conexiones entre las neuronas. Tonegawa y sus colegas son capaces de identificar las células que forman parte de un engrama de una memoria específica en una región del cerebro llamada hipocampo y reactivarla usando una tecnología conocida como optogenética, que permite activar o desactivar células selectivamente empleando luz.

Falsos recuerdos con luz

Por si fuera poco, el nuevo trabajo revela que esta tecnología permite intervenir en el proceso de la memoria mediante el control directo de las células del cerebro, concretamente implantando falsos recuerdos en los cerebros de los ratones. Para ello, los investigadores, colocaron a los ratones en una nueva cámara, A, pero sin ningún tipo de descarga y, cuando los roedores la exploraron, sus células de memoria se marcaron con canalrodopsina. Al día siguiente, pusieron a los ratones se colocaron en una segunda cámara muy diferente, B, y después de un tiempo, se les dio un choque leve en el pie y en el mismo instante, los investigadores usaron la luz para activar las células que codifican la memoria de la cámara A.

Al tercer día, los ratones fueron puestos de nuevo en la cámara A, donde ahora se quedaron paralizados, a pesar de que nunca habían sido sometidos a un 'shock allí'. Actuó un falso recuerdo: los ratones temen la sala A por la memoria, porque cuando se les dio una descarga en la cámara B, estaban reviviendo el recuerdo de cuando estuvieron en la cámara A.

Por otra parte, esa falsa memoria parecía competir con una verdadera memoria de la cámara B, hallaron los investigadores. Estos ratones también se quedaron paralizados cuando se les colocó en la cámara B, pero no tanto como los ratones que habían recibido un choque en la cámara B sin tener la cámara A en la memoria activa.

Inmediatamente después de la retirada de los falsos recuerdos, los niveles de actividad de los nervios también fueron elevados en la amígdala, el centro del miedo en el cerebro que recibe información de la memoria del hipocampo, al igual que lo son cuando los ratones recuerdan un recuerdo genuino.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Francois Truffaut: El Cine Según Hitchcock

Se trata de una entrevista enorme de un cineasta a otro, hecha en el transcurso de varios años.
El libro resulta un imperdible para quienes les gusta Hitchcock y el "detrás de escena" del cine. Pero también para quienes gusten de escribir historias, o construir historias.
La entrevista nos lleva por cada una de las películas del director (39 Escalones, La Ventana Indiscreta, Psicósis, Los Pájaros, y las menos conocidas también), en orden casi cronológico, y las va desgranando pormenorizadamente. Nos enteramos así de cómo se hizo cada clásico y cada fracaso, las anécdotas de set, cómo se construyó cada historia, las razones de por qué se eligió cada idea, o cada actor o, hasta en muchísimos casos, por qué se eligió tal o cual escena, y por qué se eleiminaron otras.
Lo más interesante para escritores es que se nos revelan algunos "secretos" y herramientas de la narrativa de Hitchcock, no como un manual (esto es una entrevista), pero a buen entendedor, sobran las palabras. Bueno, en este caso, no sobran, porque hay que sacarlas e interpretarlas desde el diálogo. Pero es sencillo de hacer.
El libro incluye de esta manera una clase magistral de cómo manejar la tensión en nuestros textos, y muchos tips sobre la utilización del suspenso, la intriga, la trama, el verosímil (al que Hitchcok casi desprecia), así como la economía y los recortes para evitar lagunas, hacer avanzar la trama o el drama, no congestinar los subplots, no relentizar la historia, mantener el ritmo, etc.
Te va a resultar inevitable ir a revisar sus películas. Las hayas visto o no, vas a estar tentado de (volver a) verlas para chequear cosas que contó el viejo en el libro, fascinarte con otras que reveló, etc. Y vas a encontrarlas frescas.
Todo esto hace el libro, y mucho más. Es muy recomendable para todo el mundo, es ameno y fácil de leer, y por demás interesante. Es un libro para conservar.

PD: En las últimas páginas trae la cinematografía completa de Hitchcok, peli por peli, con fichas repletas de datos que incluyen hasta montajistas, vestuaristas y locaciones.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La Vida te da Sorpresas

Acabo de descubrir que uno de los temas que hice, el que mezclé voces de los Black Eyes Peas con la negra Jocelyn Brown (http://marcelociccone.blogspot.com.ar/2011/06/black-eyed-peas-vs-joclyn-brown-final.html), está en un montón de buscadores de MP3 del mundo. En sitios yankis, españoles, italianos. El italiano, particularmente, me sorprendió, porque es muy profesional y, encima, pusieron el arte de tapa que le diseñé al tema, al solo efecto de... no sé, que el tema se "vea" más lindo.
No sé quién lo subió, ni cuándo. Pero se estuvo propagando bastante y ahora está por todos lados, jajaja!!
Es muy flashero ver un tema de uno en buscadores normales de música.


lunes, 16 de abril de 2012

El Mito y el Sueño - Por Joseph Campbell

Estoy leyendo un libro que me está volando la cabeza. Este es el primer capítulo. Voy a postear más.

—El Mito y el Sueño - Por Joseph Campbell—
 Sea que escuchemos con divertida indiferencia el sortile¬gio fantástico de un médico brujo de ojos enrojecidos del Congo, o que leamos con refinado embeleso las pálidas traducciones de las estrofas del místico Lao-Tse, o que tra¬temos de romper, una y otra vez, la dura cáscara de un argumento de Santo Tomás, o que captemos repentina¬mente el brillante significado de un extraño cuento de hadas esquimal, encontraremos siempre la misma historia de forma variable y sin embargo maravillosamente cons¬tante, junto con una incitante y persistente sugestión de que nos queda por experimentar algo más que lo que podrá ser nunca sabido o contado.
En todo el mundo habitado, en todos los tiempos y en todas las circunstancias, han florecido los mitos del hom¬bre; han sido la inspiración viva de todo lo que haya po¬dido surgir de las actividades del cuerpo y de la mente humanos. No sería exagerado decir que el mito es la en-trada secreta, por la cual las inagotables energías del cosmos se vierten sobre las manifestaciones culturales humanas. Las religiones, las filosofías, las artes, las formas sociales del hombre primitivo e histórico, los primeros descubrimientos, científicos y tecnológicos, las propias visiones que atormentan el sueño, emanan del fundamental anillo mágico del mito.
Lo asombroso es que la eficacia característica que con¬mueve e inspira los centros creadores profundos reside en el más sencillo cuento infantil, como el sabor del océano está contenido en una gota y todo el misterio de la vida en el huevo de una pulga. Porque los símbolos de la mito-logía no son fabricados, no pueden encargarse, inventarse o suprimirse permanentemente. Son productos espontá¬neos de la psique y cada uno lleva dentro de sí mismo, intacta, la fuerza germinal de su fuente.
¿Cuál es el secreto de la visión eterna? ¿ De qué pro¬fundidades de la mente se deriva? ¿Por qué la mitología es la misma en todas partes, por debajo dejas diferencias de vestidura? ¿Qué nos enseña?
Actualmente muchas ciencias contribuyen al análisis de este enigma. Los arqueólogos exploran las ruinas de Iraq, Honán, Creta y Yucatán. Los etnólogos interrogan a los ostiacos del río Obi y a los bubis de Fernando Poo. Una generación de orientalistas ha abierto para nosotros re-cientemente los escritos sagrados del Oriente, y también las fuentes prehebreas de nuestra Sagrada Escritura. Mien¬tras tanto, otra multitud de eruditos, continuando investigaciones iniciadas el siglo pasado en el campo de la psico¬logía de los pueblos, trata de establecer las bases psicológicas del lenguaje, del mito, de la religión, del desarrollo artístico y de los códigos morales.
Sin embargo, lo más extraordinario de todo son las revelaciones que han surgido de las clínicas para enfermeda¬des mentales. Los escritos atrevidos, y que verdaderamen¬te marcan una época de los psicoanalistas, son indispen¬sables para el estudioso de la mitología; porque, piénsese lo que se piense de las detalladas y a veces contradictorias interpretaciones de casos y problemas específicos, Freud, Jung y sus seguidores han demostrado irrefutablemente que la lógica, los héroes y las hazañas del mito sobreviven en los tiempos modernos. Como se carece de una mitología general efectiva, cada uno de nosotros tiene su panteón de sueños, privado, inadvertido, rudimentario pero que obra en secreto. La última encarnación de Edipo, el continuado idilio de la Bella y la Bestia, estaban esta tarde en la esquina de la Calle 42 con la Quinta Avenida, esperando que cambiaran las luces del tránsito.
“Soñé —escribió un joven norteamericano al autor de una publicación periodística asociada—, que estaba repa¬rando nuestro tejado. De pronto oí la voz de mi padre que me llamaba desde abajo. Me volví repentinamente para oírlo mejor, y al hacerlo, el martillo se me cayó de las ma-nos, resbaló por el tejado en declive y desapareció por el borde. Oí un golpe fuerte, como el de un cuerpo que cae.
Terriblemente asustado, bajé por la escalera. En el suelo estaba mi padre muerto, con la cabeza ensangren¬tada. Desesperado, sollozante, empecé a llamar a mi ma¬dre. Ella salió de la casa y me abrazó. ‘No te preocupes, hijo, fue un accidente, tú cuidarás de mí ahora que él no existe’. Cuando me besaba, desperté.
Soy el hijo mayor de nuestra familia y tengo veintitrés años. He estado separado de mi esposa desde hace un año; no pudimos vivir juntos. Quiero mucho a mis padres y nunca he tenido dificultades con mi padre, pero él insis¬te en que vuelva a vivir con mi esposa y yo no podría ser feliz con ella. Y nunca lo seré.”
Este marido fracasado revela, con una inocencia verda¬deramente maravillosa, que en vez de empujar sus energías espirituales hacia el amor y hacia los problemas de su matrimonio, se ha quedado inactivo en los secretos rincones de su imaginación, con la ahora ridículamente anacrónica situación dramática de su primera y única complicación emocional, la del triángulo tragicómico de la primera in¬fancia: el hijo contra el padre por el amor de la madre. Al parecer, la más permanente de las disposiciones de la mente humana es la que se deriva de que, de todos los animales, somos los que nos alimentamos durante más tiempo del pecho materno. Los seres humanos nacen dema¬siado pronto; están incapacitados para enfrentarse con el mundo. En consecuencia, su única defensa frente a un universo de peligros es la madre, bajo cuya protección se prolonga el período intrauterino. De aquí que el niño dependiente y su madre constituyan meses después de la catástrofe del parto una unidad dual, no sólo física sino tam-bién psicológicamente. Cualquier ausencia prolongada de la madre causa tensión en el niño, e impulsos agresivos correspondientes; también cuando la madre se ve obligada a oponerse al niño provoca respuestas agresivas. De esta manera, el primer objeto de la hostilidad del niño es idén¬tico al primer objeto de su amor, y su primer ideal (que a partir de entonces permanece como la base inconsciente de todas las imágenes de felicidad, belleza, verdad y perfección) es el de la unidad dual de la Virgen y el Niño.
El infortunado padre es la primera intrusión radical de otro orden de realidad en la beatitud de este restable¬cimiento terreno de la excelencia de la situación dentro del vientre; la primera impresión que se tiene de él, por lo tanto, es de enemigo. A él se trasfiere la carga de agresión que estaba originalmente ligada a la madre “mala” o au¬sente, mientras que el deseo ligado de la madre “buena”, presente, nutricia y protectora lo conserva (normalmente) ella misma. Esta fatal distribución infantil de los impul¬sos de muerte (thánatos: destruido) y de amor (eros: libido), es la base del ahora célebre complejo de Edipo, que Sigmund Freud señaló hace alrededor de cincuenta años como la gran causa de nuestro fracaso como adultos en cuanto a comportarnos como seres racionales. Como dice el Dr. Freud: “El rey Edipo, que ha matado a su padre y tomado a su madre en matrimonio, no es sino la realiza¬ción de nuestros deseos infantiles. Pero, más dichosos que él, nos ha sido posible, en épocas posteriores a la infancia, y en tanto en cuanto no hemos contraído una psiconeurosis, desviar de nuestra madre nuestros impulsos sexuales y olvidar los celos que el padre nos inspiró.” Y añade: “Todas las perturbaciones morbosas de la vida sexual pue¬den considerarse justificadamente como inhibiciones del desarrollo.”

...Y no te asuste
lo de las bodas de tu madre: de otros
lo mismo cuentan, sí, también... en sueños...
Quien de esas vaciedades más se ríe
mejor la entiende y pasa más tranquilo.

La lamentable perplejidad de la esposa de un hombre cuyos sentimientos en vez de madurar permanecieron encerrados en el amor de la primera infancia puede juzgarse por el aparente absurdo de otro sueño moderno; y es aquí donde comenzamos a sentir que entramos al reino del anti¬guo mito, pero con un giro curioso.
“Soñé —escribió una mujer preocupada—, que un caba¬llo blanco me seguía por donde iba. Yo le tenía miedo y trataba de apartarlo. Me volví para ver si todavía me se¬guía y pareció haberse convertido en un hombre. Le dije que entrara a una peluquería para que le cortaran la melena y él lo hizo. Cuando salió se veía como un hombre, pero tenía cascos y cara de caballo y me seguía por donde yo iba. Se me acercó más y yo desperté.
Soy una mujer casada, de treinta y cinco años, con dos hijos. He estado casada durante catorce años y tengo la seguridad de que mi marido me es fiel.”
El inconsciente manda a la mente toda clase de brumas, seres extraños, terrores e imágenes engañosas, ya sea en sueños, a la luz del día o de la locura, porque el reino de los humanos oculta, bajo el suelo del pequeño compartimiento relativamente claro que llamamos conciencia, insospecha¬das cuevas de Aladino. No hay en ellas solamente joyas, sino peligrosos genios: fuerzas psicológicas inconvenien¬tes o reprimidas que no hemos pensado o que no nos hemos atrevido a integrar a nuestras vidas, y que pueden perma¬necer imperceptibles. Pero por otra parte, una palabra ca¬sual, el olor de un paisaje, el sabor de una taza de té o la mirada de un ojo pueden tocar un resorte mágico y enton¬ces empiezan a aparecer en la conciencia mensajeros peli¬grosos. Son peligrosos porque amenazan la estructura de seguridad que hemos construido para nosotros y nuestras familias. Pero también son diabólicamente fascinantes por¬que llevan las llaves que abren el reino entero de la aven¬tura deseada y temida del descubrimiento del yo. La des¬trucción del mundo que nos hemos construido y en el que vivimos, y de nosotros con él; pero después una maravi¬llosa reconstrucción de la vida humana, más limpia, más atrevida, más espaciosa y plena... ésa es la tentación, la promesa y el terror de esos perturbadores visitantes noc¬turnos del reino mitológico que llevamos adentro.
El psicoanálisis, la ciencia moderna que lee los sueños, nos ha enseñado a atender a estas imágenes insustanciales. También ha encontrado la manera de permitirles realizar su obra, o sea, deja que las peligrosas crisis del desarrollo del yo pasen bajo el ojo protector de un iniciado en la cien¬cia y en el lenguaje de los sueños, quien representa el papel y el personaje del mistagogo o guía de almas, el médico de los primitivos santuarios selváticos dedicados a la prue¬ba y la iniciación. El médico es el maestro moderno del reino mitológico, el conocedor de todos los secretos ca¬minos y de las palabras que invocan a las potencias. Su papel es precisamente el del sabio viejo de los mitos y de los cuentos de hadas, cuyas palabras servían de clave para el héroe a través de los enigmas y terrores de la aventura sobrenatural. Él es quien aparece y señala la brillante es¬pada mágica que ha de matar al dragón, quien habla de la novia que espera y del castillo donde están los tesoros, el que aplica el bálsamo curativo a las más mortales heri¬das y finalmente despide al conquistador, de regreso al mundo de la vida normal, después de la gran aventura en la noche encantada.
Cuando volvemos, con esta imagen en la mente, a con¬siderar los numerosos rituales extraños que se informa tuvieron lugar en las tribus primitivas y en las grandes civilizaciones del pasado, resulta claro que su finalidad y su efecto real era conducir a los pueblos a través de los difíciles umbrales de las transformaciones que demandan un cambio de normas no sólo de la vida consciente sino de la inconsciente. Los llamados ritos de “iniciación”, que ocupan un lugar tan prominente en la vida de las sociedades primitivas (ceremoniales de nacimiento, nombre, pubertad, matrimonio, entierro, etc.), se distinguen por ser ejercicios de separación formales y usualmente severos, donde la mente corta en forma radical con las actitudes, ligas y normas de vida del estado que se ha dejado atrás. Después sigue un intervalo de retiro más o menos prolongado, durante el cual se llevan a cabo rituales con la finalidad de introducir al que pasa por la aventura de la vida a las formas y sentimientos propios de su nuevo estado, de manera que cuando, finalmente, se le considera maduro para volver al mundo normal, el iniciado ha de en-contrarse en un estado similar al de recién nacido.
Muy asombroso es el hecho de que un gran número de las imágenes y ceremonias rituales correspondan a las que aparecen automáticamente en el sueño desde el momento en que el paciente psicoanalizado comienza a abandonar sus ideas fijas de la niñez y a avanzar en el futuro. Entre los aborígenes de Australia, por ejemplo, uno de los rasgos principales de la prueba de iniciación es el rito de la cir¬cuncisión por medio del cual el muchacho en la pubertad es separado de la madre y llevado a la sociedad y la ciencia secreta de los hombres. “Cuando un muchacho de la tribu murngin va a ser circuncidado, sus padres y los viejos le dicen: ‘El Gran Padre Serpiente huele tu prepucio y lo pide.’ Los muchachos creen que esto es literalmente cierto, y se aterrorizan en extremo. Usualmente se refugian en su madre, en la madre de su madre o en algún otro pariente femenino favorito, porque saben que los hombres están or¬ganizados para llevarlo al terreno de los hombres, donde la gran serpiente brama. Las mujeres se lamentan en alta voz junto a los muchachos durante la ceremonia; esto es para que la gran serpiente no se los trague.” Ahora ob¬servamos su contraparte desde el inconsciente. “En un sueño —escribe el Dr. C. G. Jung—, un paciente encontró la siguiente escena: Una serpiente saltó de una cueva hú-meda y mordió al paciente en la región genital. Este sueño tuvo lugar en el instante en que el paciente se convenció de la verdad del análisis y comenzó a liberarse de las ataduras de su complejo materno.”
Siempre ha sido función primaria de la mitología y del rito suplir los símbolos que hacen avanzar el espíritu hu¬mano, afín de contrarrestar aquellas otras fantasías huma¬nas constantes que tienden a atarlo al pasado. De hecho, el porcentaje tan alto de neuróticos entre nosotros se debe a que nos negamos a recibir esa efectiva ayuda espiritual. Permanecemos aferrados a las imágenes no conjuradas de nuestra infancia y por ello poco dispuestos a pasar las eta¬pas necesarias de nuestra edad adulta. En los Estados Unidos hay inclusive un pathos de énfasis invertido: la finalidad es no envejecer sino permanecer joven; no ma¬durar lejos de la Madre, sino aferrarse a ella. De manera que mientras los maridos adoran las reliquias de su in¬fancia, siendo los abogados, los comerciantes o las mentes privilegiadas que sus padres quisieron que fueran, sus es¬posas, aún después de catorce años de casados y con dos hermosos niños ya crecidos, andan en busca del amor, que puede venir a ellas sólo de los centauros, de los silenos, de los sátiros y otros íncubos concupiscentes de la calaña de Pan, ya sea como en el segundo de los sueños mencio¬nados, o como en nuestros populares templos de la diosa del amor, rociados de vainilla, en las caracterizaciones de los últimos héroes de la pantalla. El psicoanalista tiene que llegar, finalmente, a reafirmar la probada sabiduría de los viejos, las enseñanzas predictivas de los médicos dan¬zantes enmascarados y los médicos brujos circuncidadores; y encontramos, como en el sueño de la mordedura de ser¬piente, que el simbolismo eterno de la iniciación se produce espontáneamente en el momento en que el paciente se libe¬ra. Evidentemente, hay algo en estas imágenes iniciadoras tan necesario a la psique, que si no se las suple desde afue¬ra, a través del mito y del ritual, tendrá que anunciarse de nuevo, por medio del sueño, desde adentro; de otro modo nuestras energías permanecerán encerradas en un cuarto de juguete banal y anacrónico, como en el fondo del mar.
Sigmund Freud subraya en sus escritos los diferentes pasos y dificultades de la primera mitad del ciclo de la vida humana, los de la infancia y de la adolescencia, cuan¬do nuestro sol se eleva hacia su cénit. C. G. Jung, en cam¬bio, enfatiza las crisis de la segunda parte, cuando, para poder avanzar, la esfera brillante debe someterse a su des¬canso y desaparecer, al fin, en el vientre nocturno de la tumba. Los símbolos normales de nuestros deseos y temo¬res se han convertido en sus opuestos en este crepúsculo de la biografía; porque el reto ya no viene de la vida sino de la muerte. Lo que es difícil de abandonar, entonces, no es el vientre sino el falo, a menos que el cansancio de la vida se haya apoderado del corazón y como anterior¬mente se atendió al atractivo del amor, se atienda ahora a la llamada de la muerte que promete la paz. Es un círcu¬lo completo, de la tumba del vientre al vientre de la tumba; una enigmática y ambigua incursión en un mundo de materia sólida que pronto se deshace entre nuestros dedos, como la sustancia de un sueño. Y al volverse a mirar a lo que había prometido ser nuestra aventura única, peli¬grosa, imposible de predecir, sólo encontramos que el fi¬nal es una serie de metamorfosis iguales por las que han pasado hombres y mujeres en todas las partes del mundo, en todos los siglos, de todos los siglos de que se guarda memoria y bajo todos los variados y extraños disfraces de la civilización.
Se cuenta, por ejemplo, la historia del gran Minos, rey de la isla de Creta en el período de su supremacía comer¬cial, que contrató al celebrado arquitecto Dédalo para que inventara y construyera un laberinto con el objeto de es¬conder en él algo de lo cual el palacio estaba al tiempo avergonzado y temeroso. Porque en la historia figura un monstruo, nacido a Pasifae, la reina. Se dice que el rey Minos estaba dedicado a atender batallas importantes para proteger las rutas comerciales; mientras tanto, Pasifae había sido seducida por un toro magnífico, blanco como la nieve y nacido del mar. Lo cual no era en realidad sino lo que la madre de Minos había permitido que le suce¬diera a ella: la madre de Minos era Europa y es bien sabido que fue un toro quien la llevó a Creta. El toro ha¬bía sido el dios Zeus y el privilegiado hijo de aquella unión era el mismo Minos, ahora respetado por todos y servido con veneración. ¿Cómo iba a saber Pasifae que el fruto de su propia indiscreción sería un monstruo, este hijo con cuerpo humano pero con cabeza y rabo de toro?
La sociedad culpó gravemente a la reina, pero el rey tenía conciencia de que parte de la culpa era suya. El toro en cuestión había sido enviado hacía tiempo por el dios Poseidón, cuando Minos contendía con sus hermanos por el trono. Minos había sostenido que el trono era suyo por derecho divino y había pedido al dios que mandara un toro del mar, como señal, y había sellado la plegaria con el juramento de sacrificar al animal inmediatamente, como ofrenda y símbolo de servidumbre. El toro apareció y Minos subió al trono; pero cuando pudo apreciar la majestad de la bestia que se le había enviado, pensó en las ventajas que le traería el ser dueño de tal ejemplar y decidió arriesgar una sustitución mercantil, que supuso que el dios no tomaría en cuenta. Por lo tanto, ofrendó en el altar de Poseidón el mejor toro blanco que poseía y agregó el otro a su ganado.
El imperio cretense había prosperado grandemente bajo el sensato gobierno de este celebrado legislador y modelo de virtudes públicas. Cnosos, la capital, se convirtió en el centro espléndido y elegante de la más importante fuerza comercial del mundo civilizado. Las flotas cretenses iban a todas las islas y los puertos del Mediterráneo; las mercancías de Creta eran alabadas en Babilonia y en Egipto. Los pequeños y atrevidos barcos también atravesaban las columnas de Hércules hacia el mar abierto e iban costean¬do hacia el norte para traer el oro de Irlanda y el estaño de Cornwall, y también hacia el sur, rodeando el saliente del Senegal, hacia la remota Yoruba y los distantes mercados de marfil, oro y esclavos.
Pero en palacio, la reina había sido inspirada por Poseidón con una irrefrenable pasión por el toro y había logrado que el artista de su esposo, el incomparable Dédalo, le cons¬truyera una vaca de madera que engañara al toro, en el cual se ocultó de buena gana y el toro fue engañado, La reina dio a luz un monstruo, el cual, al paso del tiempo, empezó a convertirse en un peligro. Y Dédalo fue llamado de nuevo, esta vez por el rey, para que construyera la tre¬menda cárcel del laberinto, con pasajes ciegos, con el objeto de esconder aquella cosa. Tan perfecta fue la invención que Dédalo mismo, cuando la hubo terminado, difícilmente pudo regresar a la entrada. Allí se encerró al Minotauro y desde entonces fue alimentado con mancebos y doncellas vivos, arrebatados como tributo a las naciones conquistadas por el dominio cretense.
De acuerdo con la antigua leyenda, la falta original no fue de la reina sino del rey, y él no pudo culparla, porque recordaba lo que había hecho. Había convertido un asunto público en un negocio personal, sin tener en cuenta que el sentido de su investidura como rey implicaba que ya no era meramente una persona privada. La devolución del toro debería haber simbolizado su absoluta sumisión a las fun¬ciones de su dignidad. El haberlo retenido significaba, en cambio, un impulso de engrandecimiento egocéntrico. Así el rey elegido “por la gracia de Dios”, se convirtió en un peligroso tirano acaparador. Así como los ritos tradicionales de iniciación enseñaban al individuo a morir para el pasado y renacer para el futuro, los grandes ceremonia¬les de la investidura lo desposeían de su carácter privado y lo investían con el manto de su vocación. Ese era el ideal, ya se tratara de un artesano o de un rey.
            Por el sacrilegio de haber rehusado el rito, el individuo se separaba como unidad de la unidad mayor de la comu¬nidad entera; el Uno se disgregaba en los muchos y éstos se combatían los unos a los otros, luchando cada uno por sí mismo, y podían ser gobernados sólo por la fuerza.
La figura del Monstruo-Tirano es conocida en las mito¬logías, en las tradiciones populares, en las leyendas y hasta en las pesadillas, en todo el mundo, y sus características son esencialmente las mismas. Él es el avaro que atesora los beneficios generales. Es el monstruo ávido de los vo¬races derechos del “yo y lo mío”. Los estragos por él pro¬vocados están descritos en la mitología y en el cuento de hadas y son de universales consecuencias dentro de sus dominios. Éstos pueden reducirse a su habitación, a su psi¬que torturada, a las vidas que contamina con el toque de su amistad y de su ayuda o puede alcanzar a toda su civi¬lización. El ego desproporcionado del tirano es una maldi¬ción para sí mismo y para su mundo aunque sus asuntos aparenten prosperidad. Aterrorizado por sí mismo, perse¬guido por el temor, desconfiado de las manos que se le tienden y luchando contra las agresiones anticipadas de su medio, que son en principio los reflejos de los impulsos incontrolables de adquisición que se albergan en él, el gi¬gante de independencia adquirida por sí mismo es el men¬sajero mundial del desastre, aún en el caso de que en su mente alienten intenciones humanas. Donde pone la mano surge un grito, sino desde los techos de las casas, sí, más amargamente, dentro de cada corazón; un grito por el hé¬roe redentor, el que lleva la brillante espada, cuyo golpe, cuyo toque, cuya existencia libertará la tierra.

No se puede estar de pie, ni tenderse, ni sentarse
Ni siquiera hay silencio en las montañas
Sino secos truenos estériles sin lluvia
Ni siquiera hay soledad en las montañas
Sino hoscos rostros enrojecidos que desprecian y regañan
En las puertas de casas de barro agrietado.

El héroe es el hombre de la sumisión alcanzada por sí mismo. Pero sumisión ¿a qué? Ése es precisamente el enig¬ma que tenemos que proponernos y que constituye en todas partes la virtud primaria y la hazaña histórica que el héroe realizó. El Profesor Arnold J. Toynbee indica en su estudio en seis volúmenes sobre las leyes del surgimiento y la desintegración de las civilizaciones, que los cismas en el alma y los cismas en el cuerpo social no han de resolverse con programas de retorno a los días pasados (arcaísmo), o por medio de programas que garanticen un futuro idealmente proyectado (futurismo) ni tampoco por el trabajo tenaz y realista de encadenar todos los elementos destructivos. Sólo el nacimiento puede conquistar la muerte, el nacimiento, no de algo viejo, sino de algo nuevo. Dentro del alma, den¬tro del cuerpo social, si nuestro destino es experimentar una larga supervivencia, debe haber una continua recurrencia del “nacimiento” (palingenesia) para nulificar las inevitables recurrencias de la muerte. Porque por medio de nuestras victorias, si no sufrimos una regeneración, el tra¬bajo de Némesis se lleva a cabo: la perdición nace del mis¬mo huevo que nuestra virtud. Así resulta que la paz es una trampa, la guerra es una trampa, el cambio es una tram¬pa, la permanencia es una trampa. Cuando llegue nuestro día por la victoria de la muerte, la muerte cerrará el círcu¬lo; nada podemos hacer, con excepción de ser crucificados y resucitar; ser totalmente desmembrados y luego vueltos a nacer.
Teseo, el héroe que mató al Minotauro, vino a Creta de fuera como símbolo y brazo de la creciente civilización de los griegos. Era lo nuevo y lo vivo. Pero también es posible buscar el principio de regeneración y encontrarlo dentro de los muros mismos del imperio del tirano. El profesor Toynbee usa los términos de “separación” y “transfiguración” para describir la crisis por medio de la cual se alcanza la más alta dimensión espiritual, que hace posible reanudar el trabajo de creación. El primer paso, separación o retirada, consiste en una radical trasferencia de énfasis del mundo externo al interno, del macro al microcosmos, un retirarse de las desesperaciones de la tierra perdida a la paz del reino eterno que existe en nuestro interior. Pero este reino, como lo conocemos por el psicoanálisis, es precisamente el in¬consciente infantil. Es el reino que penetramos en los sue¬ños. Lo llevamos dentro de nosotros eternamente. Todos los ogros y los ayudantes secretos de nuestra primera in¬fancia están allí, toda la magia de la niñez. Y lo que es más importante, todas las potencialidades vitales que nunca pudimos traer a la realización de adultos; esas otras porciones de nuestro ser están allí; porque esas semillas de oro no mueren. Si sólo una porción de esa totalidad perdida pudiera ser sacada a la luz del día, experimenta¬ríamos una maravillosa expansión de nuestras fuerzas, una vívida renovación de la vida, alcanzaríamos la estatura de la torre.
Es más, si pudiéramos sacar algo olvidado no sólo por nosotros mismos sino por toda nuestra generación o por toda nuestra civilización, traeríamos muchos dones, nos convertiríamos en los héroes del día de la cultura, en per¬sonajes de importancia no sólo local sino histórico-mundial. En una palabra, la primera misión del héroe es reti¬rarse de la escena del mundo de los efectos secundarios, a aquellas zonas causales de la psique que es donde residen las verdaderas dificultades, y allí aclarar dichas dificulta¬des, borrarlas según cada caso particular (o sea, presentar combate a los demonios infantiles de cada cultura, local) y llegar hacia la experiencia y la asimilación no distorsionada de las que C. G. Jung ha llamado “imágenes arquetípicas”. Éste es el proceso conocido en la filosofía hindú y budista como viveka, “discriminación”.
Los arquetipos que han de ser descubiertos y asimila¬dos son precisamente aquellos que han inspirado, a través de los anales de la cultura humana, las imágenes bási¬cas del ritual, de la mitología y de la visión. Estos “seres eternos del sueño” no deben ser confundidos con las figuras simbólicas personalmente modificadas que apare¬cen en las pesadillas y en la locura del individuo todavía atormentado... El sueño es el mito personalizado, el mito es el sueño despersonalizado; tanto el mito como el sueño son simbólicos del mismo modo general que la dinámica de la psique. Pero en el sueño las formas son distorsio¬nadas por las dificultades peculiares al que sueña, mientras que en el mito los problemas y las soluciones mostrados son directamente válidos para toda la humanidad.
El héroe, por lo tanto, es el hombre o la mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas personales y locales y ha alcanzado las formas humanas generales, válidas y normales. De esta manera las visiones, las ideas y las inspiraciones surgen prístinas de las fuentes primarias de la vida y del pensamiento hu¬mano. De aquí su elocuencia, no de la sociedad y de la psi¬que presentes y en estado de desintegración, sino de la fuente inagotable a través de la cual la sociedad ha de re¬nacer. El héroe ha muerto en cuanto a hombre moderno; pero como hombre eterno —perfecto, no específico, universal— ha vuelto a nacer. Su segunda tarea y hazaña for¬mal ha de ser (como Toynbee declara y como todas las mitologías de la humanidad indican) volver a nosotros, transfigurado y enseñar las lecciones que ha aprendido sobre la renovación de la vida.
“Caminaba sola por los confines de una gran ciudad, por calles destruidas y enlodadas, con oscuras casitas a los lados —escribe una mujer moderna, al describir un sueño que ha tenido—. No sabía dónde estaba, pero me gustaba explorar; escogí una calle que estaba terriblemente lodosa y conducía a lo que debe de haber sido una alcantarilla abierta. Seguí adelante entre las hileras de casuchas y en¬tonces descubrí un pequeño río que corría entre donde yo estaba y un lugar alto y firme donde había una calle pavi¬mentada. Éste era un río hermoso y perfectamente claro, que corría sobre el césped. Podía ver la hierba moverse bajo el agua. No había manera de cruzarlo, por eso fui a una casita y pedí un bote. Un hombre me dijo que me ayudaría a cruzar. Sacó una cajita de madera que puso en la orilla del río y yo vi en seguida que por medio de esta caja po¬día brincar fácilmente al otro lado. Supe que el peligro había pasado y quise recompensar generosamente al hom¬bre que me auxilió.
Cuando pienso en este sueño, tengo la sensación de que no era necesario escoger el camino que yo tomé, sino que pude haber hecho una cómoda caminata por calles pavimentadas. Había querido ir por aquella parte destruida y lodosa porque prefería la aventura, y habiendo comen-zado tenía que seguir adelante... Cuando pienso con cuán¬ta persistencia tenía que seguir adelante en el sueño me parece que debo de haber sabido que había algo bueno al final, como aquel río lleno de hierba y la calle alta segura y pavimentada que estaba detrás. Pensándolo en esos tér¬minos es como la determinación de nacer —o mejor dicho, de nacer de nuevo— en una especie de sentido espiritual. Tal vez algunos de nosotros tienen que atravesar caminos oscuros y desviados antes de poder encontrar el río de la paz o el camino alto al destino del alma.”
La persona que tuvo ese sueño es una distinguida ar¬tista de ópera, y como todos los que han elegido, no los caminos seguros y ya experimentados del día, sino la aven¬tura de la llamada especial y apenas audible que viene a aquellos cuyos oídos están abiertos tanto hacia adentro como hacia afuera, tuvo que hacer su camino sola, atrave¬sar dificultades poco comunes, “por calles destruidas y lodosas”, conoció la negra noche del alma, “la selva oscu¬ra en medio de la jornada de nuestra vida”, de Dante, y las amarguras del fondo del infierno:

Por mí se va a la ciudad del llanto;
Por mí se va al eterno dolor;
Por mí se va hacia la raza condenada.

Lo más notorio de este sueño es que reproduce al deta¬lle el dibujo básico de la fórmula mitológica universal en el camino del héroe. Esos motivos de hondo significado de los peligros, de los obstáculos y de la buena fortuna en el camino, los encontraremos implícitos en las siguientes páginas en cien formas diferentes. Primero, el paso sobre la alcantarilla abierta, luego el del río perfectamente claro corriente sobre el césped, la aparición de una persona bien dispuesta que le ayuda en el momento crítico, y final¬mente el suelo alto y firme detrás de la última corriente, (el Paraíso Terrenal, la ribera del Jordán): éstos son los temas eternamente repetidos de la maravillosa canción de la elevada aventura del alma. Y todo aquel que se ha atre-vido a escuchar y a seguir la llamada secreta ha conocido las asechanzas del tránsito peligroso y solitario:

El agudo filo de una navaja, difícil de atravesar,
Un difícil camino es éste... ¡lo dicen los poetas!

La autora del sueño es ayudada a pasar el agua por el don de una pequeña caja de madera, que toma el lugar den¬tro del sueño del esquife o del puente, formas más usuales. Éste es el símbolo de sus propios talentos y virtudes espe¬ciales, los cuales la han llevado a través de las aguas del mundo. Esta persona no nos ha dado ninguna lista de sus asociaciones, de manera que no sabemos qué contenido es¬pecial hubiera podido revelar la caja; pero ciertamente corresponde a una variedad de la caja de Pandora —ese divino don de los dioses a la mujer hermosa, lleno con las semillas de todos los problemas y de las bendiciones de la existencia, pero también provista de la virtud susten¬tante, la esperanza. Con su ayuda, la autora del sueño cru¬za a la otra orilla. Y por un milagro parecido, así sucederá con aquellos cuyo trabajo es el difícil y peligroso oficio del descubrimiento de sí mismo y de su desenvolvimiento, pues han de atravesar el océano de la vida.
Una multitud de hombres y mujeres escogen el camino menos aventurado de las rutinas cívicas y tribales relati¬vamente inconscientes. Pero estos viajeros también se sal¬van en virtud de las ayudas heredadas y simbólicas de la sociedad, los ritos de iniciación, los sacramentos portado¬res de la gracia, entregados a la antigua humanidad por sus redentores y que han funcionado por milenios. Sólo aquellos que no conocen la llamada interior ni la doctrina externa se hallan en trance verdaderamente desesperado; es decir, casi todos nosotros en el momento actual, en que nos perdemos en este laberinto de adentro y de afuera del corazón. ¿Dónde está la guía, esa graciosa virgen, Ariadna, para entregarnos la sencilla clave que nos dará valor para encarar al Minotauro y los medios para volver a la libertad cuando el monstruo haya sido encontrado y muerto?
Ariadna, la hija del rey Minos, se enamoró del hermoso Teseo cuando lo vio desembarcar del bote que había traído al lastimoso grupo de mancebos y doncellas atenienses para el Minotauro. Encontró la manera de hablar con él y le dijo que le daría los medios de salir del laberinto si le prometía llevársela de Creta y hacerla su esposa. Él lo prometió así. Ariadna pidió ayuda al hábil Dédalo, por cuyo arte el laberinto había sido construido y había sido posible a la madre de Ariadna dar a luz su habitante.
Dédalo le dio sencillamente un ovillo de hilo de lino, el cual debería ser amarrado a la entrada por el héroe ex¬tranjero y desenrollado conforme avanzara. Es poco, en realidad, lo que necesitamos. Pero sin ello, la aventura den¬tro del laberinto es desesperada.
Esta ayuda está al alcance de la mano. Y es muy cu¬rioso que el mismo científico que al servicio del rey culpa¬ble había sido el cerebro que concibió el horror del laberin¬to, con la misma facilidad pudo servir para alcanzar la meta de la libertad. Durante siglos Dédalo ha representado el prototipo del artista científico: ese fenómeno humano curiosamente desinteresado, casi diabólico, por encima de los lazos normales del juicio social, dedicado a la moral no de su tiempo sino de su arte. Él es el héroe de los cami¬nos del pensamiento, de corazón entero, valeroso, lleno de fe en que la verdad, cuando él la encuentre, ha de darnos la libertad.
Ahora debemos volvernos a él, como hizo Ariadna. La fibra de su hilo de lino la ha tomado de los campos de la imaginación humana. Siglos de agricultura, décadas de selección diligente, trabajo de numerosas manos y de numerosos corazones, han entrado en la labor de cortar, se¬leccionar e hilar este cordel apretadamente torcido. Y lo que es más, ni siquiera tenemos que arriesgarnos solos a la aventura, porque los héroes de todos los tiempos se nos han adelantado, el laberinto se conoce meticulosamente; sólo tenemos que seguir el hilo del camino del héroe. Y donde habíamos pensado encontrar algo abominable, en¬contraremos un dios; y donde habíamos pensado matar a otro, nos mataremos nosotros mismos; y donde habíamos pensado que salíamos, llegaremos al centro de nuestra pro¬pia existencia; y donde habíamos pensado que estaríamos solos, estaremos con el mundo.

lunes, 9 de enero de 2012

Mi Artículo de LOST en Revista Próxima

El artículo que escribí sobre la estructura dramática de LOST (LOST, o la estructura de la decepción) fue publicado este mes en la revista de y sobre ciencia ficción PRÓXIMA # 12, que dirije Laura Ponce.
Pueden encontrar el blog de la revista en mis links, en la columna de la derecha —►

Link al artículo:
http://marcelociccone.blogspot.com/2011/11/lost-o-la-estructura-de-la-decepcion.html